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Unidad Provida llegó para quedarse

La discusión del aborto ha contribuido a un fenómeno difícilmente previsible pocos meses atrás: la conformación de un espacio heterogéneo, consolidado y con trabajo concreto con población vulnerable de nuestro país y en otros países de la región.


El pañuelo, identidad provida.

El nacimiento de un movimiento implica, en primer lugar, autoconciencia. Sus integrantes se reconocen como parte de un colectivo con un ideario común, con fuertes lazos fundados en la convicción íntima que ha movido a cada uno de ellos a comprometerse con algún aspecto de una causa compartida.


El crecimiento de un movimiento supone también el descubrimiento de la otredad, del mundo que lo circunda. Así, cada uno de los individuos que lo componen primero siente y luego entiende que hay aspectos de la realidad a los que adhiere y otros que le generan una fuerte repulsión.


En la medida en que madura, el movimiento se organiza, conoce sus debilidades y también sus fortalezas. Sus miembros se conocen y respetan, reconocen los méritos de sus pares y comienzan a unir fuerzas para favorecer aquello a lo que adhieren y para combatir las realidades que los repulsan. Comienza a trazar estrategias a corto, mediano y largo plazo; confirma el curso de acción a adoptar en cada caso; fortalece los lazos internos y afirma los valores innegociables que guían y determinan su proceder.


La consolidación del movimiento implica, finalmente, la confirmación de la fortaleza y la eficacia de las estrategias planteadas y de las consignas que prueban su justicia y su coherencia. Así, el movimiento alcanza el objetivo último que motivó su nacimiento: la trasformación de la realidad.


El debate parlamentario respecto de la liberalización del aborto, mediáticamente instalada y habilitada por el Poder Ejecutivo Nacional ha contribuido a un fenómeno difícilmente previsible pocos meses atrás, la explicitación de un coherente proceder fundado en el consenso y ordenado de un heterogéneo grupo de individuos, asociaciones y organizaciones no gubernamentales, con un curso de acción unificado y con una consigna común: la defensa irrestricta de la vida y los derechos humanos.


La discusión en torno al aborto ha permitido visibilizar a una serie de organizaciones con tradición en el trabajo concreto con población vulnerable de nuestro país y en otros países de la región. Esas organizaciones que cuentan con experiencia palpable en la protección de mujeres y niños en situación de vulnerabilidad constituyen la Unidad Provida.


La unidad de acción referida posee una fuerte impronta juvenil, pero reconoce y se apoya en la sabiduría y el consejo de los más experimentados. Sus integrantes se forman y se comprometen. Esta unidad no cede ni se detiene, crece y desafía al pensamiento único y políticamente correcto que se instala en los medios dominantes. Es valiente, enfrenta al poder establecido y se hace escuchar.


Unidad Provida expresa la autoconciencia de un movimiento y el descontento de una importante porción de la población que rechaza la incoherencia de sus dirigentes y se organiza con pretensiones de poder, poder real para la transformación de la realidad.

El novel movimiento posee características bien definidas. Es inclusivo y plural, superador de las lecturas ideológicas reduccionistas que definen el discurso político nacional, posee una organización fundada en el reconocimiento de los talentos de sus integrantes, rechaza el dogmatismo de la lógica partidaria contemporánea y se dispone a trazar las alianzas estratégicas necesarias para apoyar o rechazar medidas en función de su consistencia con la dignidad humana.


Unidad Provida nació, crece, madura y se consolida. Unidad Provida llegó para quedarse.


Por Leonardo Pucheta, magíster en Ética Biomédica, docente universitario, miembro de la Pontificia Academia para la Vida y del Centro de Bioética.

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Unidad Provida 2018

#Salvemoslas2Vidas

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