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Qué se esconde detrás de la despenalización del aborto

Actualizado: 20 de mar de 2018

El proyecto de la Campaña por el Aborto Legal por discutirse en el Congreso esconde consecuencias desastrosas para la sociedad en su conjunto, que los impulsores evitan explicar.




El proyecto que ingresó a la Cámara de Diputados y que quieren convertir en ley habla en su artículo 1 de la “interrupción del embarazo”, cuando no existe tal cosa: el aborto pone fin a la vida de un ser humano, y no hay posibilidad de reanudar una vida que se elimina tras su “interrupción”.


La iniciativa pretende extender la práctica del aborto durante las primeras “14 semanas del proceso gestacional”. Un ser humano ya tiene corazón cumplir cuatro semanas; a las ocho, su cerebro está conformado, y a las 12, ya mueve sus pies y manos. En cualquier instancia, se acaba con la vida de una persona.


Hay todavía más: el proyecto: el artículo 3 legaliza de hecho el aborto durante los nueve meses de embarazo cuando:

  • La vida de un niño o niña proviene de una violación. En tales casos, se podría abortar “con el solo requerimiento y la declaración ante un profesional de salud” y sin intervención de la Justicia. Eso conlleva, de hecho, ocultar el abuso a la Justicia y dejar impune al delincuente, convirtiendo a la mujer en doble víctima del aborto y de la violación.

  • Se habla de admitir la muerte de un bebé en gestación “cuando estuviera en riesgo la vida o la salud física, psíquica o social de la mujer”. Así, ser pobre sería razón suficiente para acabar un embarazo, lo que en la práctica es discriminación.

  • También se habla de matar a una criatura cuando existieren “malformaciones fetales graves”. El aborto se convierte así en un mecanismo de selección y descarte de niños, y llevaría, por ejemplo, a matar a los bebés con síndrome de down.

El artículo 6 obligaría “en todos los casos” a las autoridades de establecimientos médicos a “garantizar la realización” de abortos , lo que impedirá el legítimo derecho a la objeción de conciencia, con la consecuente persecución ideológica.


La pretendida norma establece en el artículo 8 que cualquier niña adolescente, a partir de los 13, puede “decidir la práctica y prestar el debido consentimiento” para un aborto, lo que implica someter a la menor a una práctica invasiva riesgosa para su salud y sin atención del parecer de los padres.

El aborto es una nueva forma de violencia contra la mujer. Necesitamos, en cambio, defender los derechos humanos de todos, comenzando por el derecho de todos a vivir.


Comprometidos con los Derechos Humanos, salvemos las dos vidas con propuestas superadoras.


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