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El debate sigue abierto

El debate sigue abierto: saldremos a impedir que la clase política desoiga al pueblo y convalide el crimen del aborto


El esfuerzo desmedido del Gobierno no tuvo el resultado esperado: sólo sacó 2 votos más que en 2018.


Lamentamos profundamente que parte de los diputados, en muchos casos bajo presión partidaria y desoyendo a la mayoría de los argentinos, se haya inclinado por dar media sanción al proyecto de legalización del aborto. También fue significativa la joya que lucieron los diputados contra la vida: el corazón verde que les regaló Amnistía Internacional. Todo para promover una alternativa injusta y contraria a los derechos humanos.


Agradecemos de corazón el coraje de los legisladores que se alzaron en defensa de las mujeres y los niños por nacer, levantando la voz por aquellos a los que se quiere silenciar y por los cuales peleamos para darles una Argentina más digna e inclusiva.


Tras una pantomima de debate, y desatendiendo la evidencia científica y los fundamentos jurídicos, médicos y sociales que demuestran que el aborto es un fracaso social, la Cámara de Diputados avanzó en un atropello de las garantías fundamentales de una sociedad que se precie de ser moderna y democrática. Por tanto, el avance de esta iniciativa solo se explica por una ceguera ideológica e intereses económicos, como hemos denunciado.

También fue el peor día legislativo de la historia de Juntos por el Cambio: Votó una ley del Ejecutivo que va en contra de la mayoría de sus votantes; y fue cómplice de la cortina de humo que usó el Gobierno para aprobar la quita de fondos de coparticipacion y el ajuste a los jubilados. Lo que los Cambiemitas lograron en 4 años lo perdieron en un día. Reavivar este debate ha sido además un insulto a la sociedad argentina, golpeada por una crisis económica y sanitaria sin precedentes, mientras llora a los 40.000 muertos que la pandemia de coronavirus se ha llevado y que, como nunca antes, ha tomado conciencia del valor de la vida. Con más del 40% de la Argentina sumida en la pobreza, con mayoría de niños con necesidades básicas insatisfechas y dos tercios de los menores con malnutrición; con hospitales saturados y mujeres que mueren queriendo tener a sus hijos, este proyecto del Ejecutivo no hace más que sembrar violencia, porque en cada aborto muere un niño o niña inocente, se destruye a una mujer, y se denigra la comunidad en su conjunto. El pueblo, que es el soberano, se ha expresado pública y multitudinariamente a lo largo y ancho del país rechazando este proyecto y demandando soluciones humanas y superadoras, como el medio centenar de iniciativas “celestes” que aguarda tratamiento en el parlamento. Por eso es imposible convalidar una política de descarte que permite la eliminación sistemática de personas, sin solucionar la mortalidad materna ni otros problemas profundos que afectan a las mujeres. Si los esfuerzos en Diputados tuvieron poca efectividad, en el Senado el apriete por aprobar la Ley de Vilma Ibarra será aún más difícil. Los senadores tendrán la oportunidad de corregir esta violación de los derechos humanos y honrar así la voluntad popular, para de una vez por todas buscar soluciones superadoras. Porque sin vida no hay derechos, y sin derechos no hay futuro. Senadores, se lo decimos a viva voz: ¡salvemos todas las vidas!



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